Relaciones comerciales impredecibles (Enero 2016)

Estos párrafos irán dedicados al destaque de ciertas escenas de películas, y un vínculo que se les puede hacer entre sí.
En la película “Volver al Futuro 1”, Marty Mcfly viaja hasta el año 1955. Entra a una cafetería y va con la intención de pedir un refresco. El caballero que atiende lo mira de manera inquisidora, cuestiona el pedido del joven, y le sirve finalmente “algo”, después de cuestionar con un hondo sentimiento la existencia momentánea. Según una interpretación, esa actitud carente de formalidad comercial, está buscando una reconstitución de las relaciones cliente-vendedor, donde los únicos aspectos supuestamente válidos para generar un trato a partir de la apariencia y el número de guerras vividas en la piel, ser muy joven indicaba una carencia implícita de frontalidad. Lo material y existencialista de la época valida una actitud instintiva, frontal, unidireccional, época esperadora de “verdades” externas triunfadoras de la interpretación de la materia.
En la película “Invierno”, puede encontrarse la siguiente escena: El amigo de Alejo, Jose, entra a una cafetería de escenografía cargada, luego de una jornada de fiesta en la noche anterior. A lo que va pidiendo, que demuestra un nulo conocimiento de lo que ofrecen en el lugar, el garzón comienza el diálogo enumerando rutinariamente los productos y señalando todas las comidas que han perdido popularidad por razón de excéntricas éticas alimenticias (El paradigma de la leche se vuelve un cómodo argumento para demostrar la destreza de esos temas novedosos de “pro y contras”). Esta estrechez en el carácter del garzón vuelve a ser puesta a prueba con la petición de dos cafés pequeños en vez de un café grande. Culpan los personajes en la película a la tendencia “hipster” de esa extrañeza generalizada en el trato urbano actual.
Ambas escenas, se asemejan a retratar contextos que asombran tanto por la sensación de desconocimiento que uno puede tener de las relaciones vividas en algún momento histórico (ya sea por falta de información o de experiencia), como por el desarrollo casual minado por eventos imprevistos de espontaneidad y defensa de los valores cívicos encarnados en cada personaje. Tanto el “espíritu de la época” como el crecimiento individual de la empatía y la seguridad son expuestos y mantienen en sus omisiones y concentraciones el mantenimiento espiritual de la forma de relacionarnos. Recuerda a la apertura de posibilidades de interacción en los espacios públicos y privados abiertos. Un aspecto “ruiziano” en donde las posibilidades de avanzar en el diálogo crean el mundo que hay por un momento entre dos personajes que se encuentran con la fuerza del enfoque que brindan las escenas y su comienzo de duración (Piénsese en el sacerdote enseñando en una oscura celda de castillo una enseñanza totalitariamente católica a unos jóvenes pasivos).
Éstos son ejemplos de trato que se han considerado a sí mismos eternos, instintivos y desiguales desde su condiciones mismas iniciales. La insistencia de los personajes realizando una serie de acciones en una película nos hacen proyectar en el personaje una acumulación cualitativa de conclusiones que pueden o no sacar, de las experiencias que han realizado y en qué condiciones anímicas quedan después de los encuentros. La relación cuestionada y relatada desde los contextos de la relación comercial es uno de esos ámbitos y donde lo objetivo de la transacción compite en validez con lo subjetivo de las visiones y de las expectativas exteriores puestas en el receptor del mensaje.
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