La rabieta de todos

Como en una cierta película, donde el entorno de un personaje le da la totalidad de las señas para que esta persona decida y se movilice, hay días donde el entorno se suelta del manto que hemos posado sobre sus napas, y nos recuerda que no somos seres indiferenciados; aunque esta realidad no sepa cómo explicar teóricamente esta ambivalencia de la convivencia y el rechazo, se mueve a nuestro lado, agitado, y nos revela verdades similares a las del mundo del extrañamiento.

Cansado de tener que caminar sin esa prótesis que creíamos adherida a nuestro paso, podemos volver a recoger su mensaje desde el piso, obviando con mayor intensidad de lo normal, las banalidades vigentes de su presente exteriorizado. Como todo ideal de cámara, al no poder escapar de las esperas que ofrece esa interrumpida convivencia, poso la mirada de manera quieta, pausada, desenjuiciada, a lo que el otro considera “necesario” para convivir. Aún evoco la fantasía de encontrar “el Arte” entre esta banalidad normalizada. Le concedo cariños a esta bestia que lleva sus horas despierto y que parece desconocer la diferencia entre la mano y el trozo de comida ofrecido.

Una esencia que se mira en su espejo en momentos en los que la tonalidad y la distorsión impiden su comprobación amigable con la remota esencia diseminada exterior. Donde se reprueba nuestra dependencia, y donde las decisiones inmediatas, las decisiones clave para articular al resto de las vías sanguíneas a realizar nuestro destino, dejan entrever esos molestos vacíos de relato y de protección. Donde uno nunca deseó hacer daño a las idiosincracias dominantes, y que por mucho tiempo se les prestó confianza a partir de esquemas ontológicos inofensivos, tratando de encontrar lo auténtico que hemos atesorado bajo la defensiva diaria de la facticidad.

Aconsejo otorgar un tiempo propio a la autonomía meta-temporal, superando la violencia que encarna el exterior cuando se ve encendido por todo lo que no le gustamos, y que sin pedirlo, ofrece resultados disfrazados de novedad refrescante, pero que han proyectado inconsciencia, cacofonía y decadencia.

 

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