Marzo sin arriendos

El Capitalismo desea cobrar y cobrarnos entre nosotros, vendiendo una educación en Marzo que desde la ventana tendrá un triste paisaje de cenizas y árboles cafés. El Capitalismo no tiene control y los apoyadores se sienten partes de un todo incontrolable de avaricia, control, explotación e individualismo egocéntrico banal. Después, si el Mundo se deteriora, no le van a echar la culpa a nadie, porque creen que nadie tiene la culpa de este deterioro. Van a arrendar, van a aplastar los salvajes con la sentencia mensual, donde un universo hecho de cuatro semanas se nos ha impuesto como un contenedor de aire arrendado donde cada cual puede volar a su manera, mientras pague su derecho a estar entre los que antes levantaron rejas de cualquier forma inventada. Desearon vernos sudar, hasta el fallecimiento. Creen que impactamos al mover nuestros capitales en una especulación abstracta y sin sentido. Pero el arriendo por vivir en un lugar, será un aspecto que les dirá que ese sujeto ‘está bien’, que no constituye amenaza para mantener sus ilusiones. Las hectáreas y hectáreas de bosques fueron embrujados con la magia de las rejas y los alambres de púas, mientras alguien presumía el número de sus hectáreas en cualquier reunión aspiracional. Ese bosque debiera ser de todos, pero no para que formemos nuestras idealizadas cajas de fósforos, sino para que nos encontremos alguna vez con la inmensidad de la naturaleza, que nos interpele y nos abrace en su afecto especial. En vez de seguir imitando modelos de vida impuestos por otros modeladores, deberían interrogar su presencia en estas latitudes, comparar la piel con el fuego que nos calienta, y formar sentido. Cuando extirpemos esta aspiración semi-europea de nuestra creencia de personalidad astuta y aprovechadora, muchos abrigados se quedarán sin nada, sin bienes para presumir, sin derecho a cuestionar la forma de vivir de otros. A los que les falta soltar sus ilusiones de algodón, debieran hacerlo, ‘piramidalmente’ para que les creamos su desarme. A los que están desnudos de identidad por siempre sospechar de que algo más allá de esta psicosis senos oculta, podrán abrigarse con los elementos que viven junto a nosotros. Yendo a los extremos del vivir, seguiremos deseando la aprobación del que está lejos de nosotros. Nos desarmaremos y nos volveremos a armar, esta vez, en un afecto cercano que no excluirá seres vivos. Cualquier poder invisible deberá presentarse antes de imponer su superioridad a estos modos de vida. Aprenderemos a vivir juntos, y solos de cualquier privatizador de terrenos y de conciencia. Marzo no volverá a ser una paga mensual con un triste paisaje de cenizas y árboles cafés, será ir a los bosques, ir a donde nos necesiten, ir a donde nos llama alguien, donde nos inviten, donde encontremos el sentido personal que no será ajeno al que se nos acerca, y extirparemos elogio de querer matar al que se nos hace extraño, que expone movimientos similares a las pieles de cada uno en su rapidez humana.

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